El pasado 8 de septiembre la OCDE publicó los resultados del informe PISA 2025.
Titulares, cifras, indignación y polémica en redes. El debate de siempre — la ley educativa, el gobierno, los recursos, las pantallas.
Llevo 15 años trabajando en alfabetización inicial. Y soy honesta: los números no me sorprenden.
Lo que me preocupa es la inacción.
Los datos que hay que leer con contexto
España obtiene 451 puntos en comprensión lectora — frente a los 461 de media de la OCDE y los 496 que obtuvo en 2015. La caída respecto a 2022 es de 23 puntos, muy superior a los ocho puntos perdidos entre 2018 y 2022.
En términos prácticos: España ha perdido alrededor de 45 puntos en lectura en una década. La propia OCDE estima que aproximadamente 20 puntos equivalen a un curso escolar. Son más de dos cursos perdidos en diez años.
Solo un 2% de los alumnos españoles es capaz de abordar textos realmente complejos.
Pero estos datos necesitan contexto.
La caída no es exclusiva de España. Los alumnos españoles llevan más de una década empeorando sus puntuaciones, y las principales causas incluyen la pérdida de comprensión lectora, el uso excesivo de tecnología y menor apoyo familiar. Alemania, Francia y Portugal también retroceden. La crisis de la alfabetización es global.
En una casa sin libros, donde los adultos tampoco leen, ¿qué le podemos exigir a un niño? Hoy la atención de un niño compite con pantallas diseñadas específicamente para ganarle a cualquier libro.
Y hay algo que los titulares no suelen destacar: Asturias, la Comunidad de Madrid y Castilla y León son las únicas excepciones regionales con resultados por encima de la media de España, de la OCDE y de la UE.
Eso no es casualidad. Es el resultado de políticas educativas concretas y de centros que decidieron trabajar la lectoescritura de forma sistemática y con criterio.
Por qué los números no me sorprenden
Sabemos qué funciona para enseñar a leer. Llevamos décadas sabiéndolo.
La investigación en neurociencias y alfabetización es clara: hay una secuencia de habilidades que predice el éxito lector, hay una forma de enseñarlas que produce resultados y hay una forma de detectar cuándo algo falla antes de que el desfase sea grande.
Y seguimos sin aplicarlo de forma sistemática. Ni en la escuela. Ni en casa.
Esa es la inacción que me preocupa.
No los datos de PISA — esos ya los sabíamos. La inacción ante algo que ya sabemos cómo resolver.
El problema que los titulares no nombran
Cada vez que salen los resultados de PISA, el debate se centra en lo mismo: la ley educativa, el ratio de alumnos por aula, los recursos tecnológicos.
Son factores reales. Pero ninguno es el más accionable.
Lo más accionable — y lo que más impacto tiene sobre los resultados lectores de los alumnos — es la formación específica del equipo docente en lectoescritura.
No una charla aislada. No un taller de tarde. Formación real, con secuencia, con evidencia y con acompañamiento para que lo aprendido se aplique en el aula.
La mayoría de los docentes que enseñan a leer en España no recibieron formación específica para hacerlo. No porque no quieran formarse — sino porque esa formación no estuvo disponible cuando la necesitaban.
El resultado es predecible: cada docente construye su propia manera de intervenir. Desde la intuición, desde lo que aprendió observando a otros. Y la intuición no siempre coincide con lo que dice la evidencia.
Lo que sí puede hacer tu centro este curso
Los datos de PISA no los va a cambiar una ley nueva. No los va a cambiar una jornada de formación.
Los va a cambiar que los equipos docentes tengan el mapa que nadie les dio — la secuencia del proceso lector, el criterio para identificar dónde está cada alumno y las herramientas para intervenir antes de que el desfase sea grande.
Hay tres cosas concretas que producen resultados reales:
Enseñanza de la lectura basada en evidencia — no improvisada.
La investigación lleva décadas diciéndonos qué funciona. Aplicarlo de forma sistemática en el aula cambia los resultados. No en una generación — en un curso.
Formación docente específica y real — no una charla aislada.
Un equipo que comparte un lenguaje común sobre lectoescritura, que sabe mirar antes y que sabe qué hacer cuando algo falla — ese equipo produce resultados diferentes a uno que improvisa.
Detección e intervención a tiempo.
El fracaso lector no aparece en tercero de primaria. Se construye desde infantil, silenciosamente, cuando nadie sabe qué buscar. Un protocolo de detección temprana puede identificarlo antes de que el desfase sea grande — y cambiar completamente el pronóstico de ese niño.
Esto es lo que evita el fracaso lector.
Y es exactamente lo que trabajamos en Lectolúdica con los colegios este curso.
El momento de actuar es ahora
Este septiembre iniciamos el primer itinerario formativo presencial con un claustro de Madrid — 12 horas distribuidas a lo largo del trimestre, con materiales concretos y acompañamiento entre sesiones.
No es una respuesta a PISA. Es lo que llevábamos tiempo queriendo hacer — porque los datos que mide PISA se construyen en las aulas. Y las aulas cambian cuando los equipos docentes tienen las herramientas adecuadas.
Si tu centro quiere ser parte del cambio — y no esperar a que los próximos resultados de PISA confirmen lo que ya sabemos — el primer paso es una conversación.
La agenda para octubre y noviembre tiene pocas fechas disponibles.
📱 WhatsApp: +34 684 111 067
👉 Agendar reunión de 30 minutos: https://calendly.com/lectoludica/30min
Sigue leyendo:
Cómo mejorar la enseñanza de la lectoescritura: formación con evidencia
Taller de lectoescritura para docentes en Madrid: cómo elegir
Formación en lectoescritura para centros educativos: qué debe incluir
Natalia Di Piazza Umbides — Psicopedagoga especializada en lectoescritura infantil. Itinerarios formativos presenciales para centros educativos en Madrid.
